miércoles, 12 de noviembre de 2008

palabras sin remedio



¿Qué ocurrió? ¿Cuánto ha pasado? ¿De quién fue la culpa?. Solo sé que poco a poco la vida se nos escapa y con los días, meses y años que pasan, el color de los sentimientos se va destiñendo. Quizás es mejor así, vivir en un antro de soledad marchita y destinada a no florecer más. Ya no importa nada. No hay fechas especiales para mí ni días esperados. Solo el tiempo que transcurre inclemente y que cada vez, con más fuerza, pasa la mota por esta pizarra que tengo en lado izquierdo del pecho. Ya respiro sin ahogarme cuando mi mente hace el conteo hacia atrás. Ya no se quejan mis ojos ni mi garganta ennudece al recordar la felicidad plena. Ahora, solo queda una gratitud y un respeto amplio hacia todo lo que se fue. No habrá más navidades familiares, cenas románticas ni noches de pasión desbordante. Ahora, solo queda pensar en los errores y perdonar. Si, perdonarme por haber dejado que la esperanza se me fuera. Por haber sido como fui y por sentirme, poco a poco, tan bien a pesar de lo perdido, pues, para mí, todo lo malo nunca lo es del todo. ¿Resignación? creo que no. Más bien, estas son ganas verdaderas de vivir, de crecer y de tratar de salir de este hoyo profundo del sinsabor. Ya aprendí a aceptar mi dolor y ahora, al saborearlo, lo siento cada vez menos amargo. Hasta puedo decir que lo empiezo a degustar con placer. Sin embargo, el verdadero pesar lo siento al recordar a esa semilla de dos años que ya empieza a reclamarme a su lado. Esa plantita que antes hablaba solo con sus ojitas al acariciar mi rostro y que ahora quiere decidir por sí solo. Ya no es un ser quieto. Ahora, va de un lado a otro ágil, como un lince suelto en la sabana. Para mí siempre será una plantita y se me rompe el alma al pensar que me perderé mucho de él. Pero no queda de otra. La vida se torna así a veces, muy dura para los frágiles como yo. No puedo reclamar nada a pesar que el destino me ha dado donde más me duele. Un golpe bajo que lo siento en el corazón. Pero qué puedo hacer. Solo vivir con la esperanza de tener algún día alguna esperanza. No hay más para mí. Solo vagar como alma en pena, llorando por lo que se fue y dolido por todo lo que viene. Así, llorando sin lágrimas con una armadura hecha de rencor y de revancha. Lo siento por mí, pues mi corazón ya nunca será puro al mirarte a los ojos. Ahora, el tiempo solo es mi enemigo que se lleva mi vida como un verdugo. Ahora yo soy el 'prisionero perpetuo' que queda solo en su celda esperando la cita con la muerte. Ya no quiero más, solo quiero saborear mi dolor. 'Y lloro', como dice la canción de Fabio Junior.

2 comentarios:

Rosa Matias dijo...

Fuerza !!!

Anónimo dijo...

Hermano. Se me hizo un nudo en la garganta. Sé lo que se siente,con la excepción de ese ser que poco a poco está cerciendo y, como dices, ya te está reclamando. Sin embargo, como dice la canción, "te da y te quita, te quita y te da"... Fuerza Kozure, y de´jalo todo en manos de Dios!!!!